Autoconciencia, Baile & Interpretación, Técnica Corporal Dinámica

DESCUBRE LO QUE EL BAILE PUEDE HACER POR TU RELACIÓN DE PAREJA

Lo que vemos en el video no es una coreografía, es una improvisación donde David decide, después de la vuelta, no recogerme en un abrazo y continuar el baile separados.

En kizomba, el paso básico de la mujer es la caminada y, mientras que no reciba ninguna indicación por parte del hombre que le invite a cambiar, debe mantener ese paso por sí misma. Por otro lado la mujer debe iniciar su movimiento un milisegundo por detrás del  hombre, y eso es, exactamente, lo que podemos ver en el video.

En nuestras clases o talleres, en primer lugar, trabajamos despertando la conciencia corporal propia. Si no somos conscientes de nuestro cuerpo, difícilmente podremos  hacer entender las indicaciones en el caso del hombre o, entenderlas en el caso de la mujer. En segundo lugar, y unido a la conciencia corporal, trabajamos el desarrollo de la escucha interna y de la comunicación con nuestra pareja. En tercer lugar, y uniendo todo lo anterior, trabajamos lapareja como una unidad donde el baile es el resultado de una escucha mutua expresada en una misma melodía.

A un nivel más profundo estamos trabajando los pilares básicos de toda relación como son la comunicación, la escucha y la conciencia por lo que inevitablemente nuestra pareja  se verá reforzada y enriquecida. Y, a un nivel un poquito más profundo, nuestro trabajo va dirigido a conectarnos con nosotros mismos, con nuestro Ser, ese lugar donde la pareja no compite sino que colabora porque recuerda que son lo mismo.

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¿QUIERES VER A TU PAREJA INOCENTE? EMPIEZA POR TI MISMO

¿Nos hemos planteado por qué queremos que nuestra pareja abandone determinados hábitos o conductas? Pues por algo tan obvio como que nos incomoda como nos hacen sentir. En realidad no nos preocupa tanto lo que hacen como creemos, lo que nos molesta es como nos sentimos con lo que hacen. Aunque la respuesta parece muy obvia, algo se nos pasa por alto.

Decimos que comprendemos la pregunta pero no puede ser cierto, porque aunque su enunciado se refiere a nosotros, nuestra respuesta habitualmente se dirige hacia ellos. ¿Qué sentido tiene intentar cambiar al otro si lo que nos incomoda es nuestra reacción?

Culpar al otro de cómo nos sentimos es simplemente un hábito, pero observemos si es eficaz.

Miremos una situación cualquiera. El camarero tarda en traer la cuenta y nuestra pareja se empieza a poner nerviosa. En nuestra cabeza habitualmente empezamos a juzgar a nuestra pareja automáticamente; que impaciente, ay que ver qué mal carácter tiene, ya empieza, ojalá no fuera así, etc. Es  muy probable que estos pensamientos no se queden en nuestra cabeza y se conviertan en un discurso lleno de reproches.

Todo esto lo hacemos de manera inocente, simplemente porque creemos que es eficaz para acabar con nuestro malestar pero ¿Lo es?

Veámoslo un poco más despacio. Nuestra pareja se pone nerviosa y eso nos molesta. Probablemente tenemos miedo de cómo se desarrolle la situación, incluso intentaremos ejercer cierto control para conseguir apaciguarla, lo que probablemente no funcionará y nos cause más miedo o frustración. En toda esta escena recordemos que todos los pensamientos que cruzan nuestra cabeza se dirigen a su conducta, a juzgarla o a intentar corregirla. Pero ¿Cuántos de nuestros pensamientos van dirigidos a descubrir qué es lo que nos pasa a nosotros?  Pues muy pocos o ninguno, porque lo que tratamos precisamente es no tomar responsabilidad sobre lo que sentimos. Nuestro hábito es huir de lo que sentimos y la forma más habitual es buscando un culpable fuera.

Nos preguntábamos hace un momento si  esto era eficaz. Aun en el supuesto caso que consigamos que nuestra pareja  controle su impaciencia ¿Que ha ocurrido con nuestra reacción ante la impaciencia de otro? Si todavía nos ponemos tensos cuando sucede la pregunta está contestada, no es eficaz.

Lo eficaz es dejar de tenerle miedo a lo que sentimos, y eso pasa indudablemente por sentirlo. Sólo a base de no huir y estar presentes en lo que sentimos  conoceremos un resultado diferente y eficaz. El problema no es la conducta del otro sino  el miedo a sentir lo que  siento.

Lo más interesante es que observemos que la conducta del otro, esa que intentamos cambiar y consideramos reprochable, es exactamente la misma que la nuestra; culpar a otro, en este caso al camarero, para no hacerse responsable de lo que siente.

Buscar un culpable no parece muy eficaz, quizás reconocer a dos inocentes si.

Vanesa & David

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DESCUBRE POR QUÉ EL BAILE ES UNA EXPERIENCIA ESPIRITUAL Y DE TOMA DE CONCIENCIA DE NOSOTROS MISMOS

Lo que produce un cambio de conciencia es una experiencia directa. La comprensión intelectual puede apuntar al camino para el cambio  pero es la experiencia lo que lo hará nuestro.

Esto en el baile es muy evidente, nosotros podemos explicar el uso correcto del cuerpo y apuntar a la conciencia necesaria para realizar un movimiento en la manera correcta.

La mayoría de las personas no tienen dificultad para entender intelectualmente las indicaciones y el por qué  para levantar un brazo por ejemplo, no lo podemos hacer de manera aislada desvinculado de su conexión con la caja torácica y de la necesaria entrega del peso al pie  del mismo lado.

Lo que produce el cambio real de conciencia no es la teoría, esta es sólo el principio para el proceso del cambio. Lo primero es darnos cuenta de que la inconsciencia de determinadas partes de nuestro gobiernan nuestra función, impidiendo ejecutar el movimiento como indica la teoría.

 A continuación hay que despertar las partes que están inconscientes y que hasta ese momento dirigían nuestros movimientos de manera inconsciente gobernando nuestro baile.

Por último, al igual que cuando tomamos conciencia de comportamientos automáticos e ineficaces  de nuestra mente, empieza  el entrenamiento práctico para afianzar esa nueva conciencia corporal o mental.

En nuestra experiencia todo cambio real de la conciencia conlleva un cambio corporal y viceversa.

El  cuerpo es como el cuadro de luces del salpicadero de un coche, no es lo que somos pero si nos da pistas de cómo  funciona nuestra mente.  La luz que se enciende cuando se nos agota la gasolina no es la ausencia de combustible pero si la señal que nos permite actuar a tiempo para que nuestro vehículo siga funcionando correctamente.

Vanesa & David

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¿TENEMOS UNA RELACIÓN REAL CON NUESTRA PAREJA?

Creemos que nos relacionamos con la vida pero en realidad estamos aislados dentro de nuestros pensamientos acerca de todo y reaccionamos de forma automática y repetitiva frente a ellos sin tener una relación directa con la vida ni con nuestra pareja.

No nos relacionamos con nuestra pareja sino con nuestra idea de pareja. Si no tuviéramos una idea de pareja, no podríamos juzgar a nuestra pareja dentro de los parámetros bien y mal.

Tenemos que tener previamente unos prejuicios y unas etiquetas con las que comparar nuestra idea con lo que vivimos. Estamos todo el tiempo reaccionando ante nuestras propias ideas y perdiéndonos la oportunidad de mirar el presente tal cual es.

En realidad lo único que podemos hacer es observar nuestras reacciones ante nuestras ideas de pareja y éstas sólo las podemos descubrir en relación.

Cuando hablamos con nuestra pareja reaccionamos siempre a lo que creemos que debe o no debe ser.  Por lo tanto no nos estamos relacionando con el otro, sino con nuestras ideas.

Lo que estamos teniendo es una reacción basada en nuestros prejuicios sin ni siquiera ser conscientes.  Curiosamente nosotros lo vivimos como que estamos respondiendo a la situación pero estaremos de acuerdo en que, si tuviéramos otras ideas, nuestra respuesta seria distinta. Es decir, estamos reaccionando a nuestras ideas en base a un pasado que en realidad es solo una interpretación selectiva de los hechos.

El primer paso para pasar a tener una relación real, es ser muy honestos y tomar la responsabilidad de reconocer que no estamos teniendo, a día de hoy, una relación con nuestra  pareja, sino con nuestra idea de pareja y nuestras expectativas.

El siguiente paso es observar con la misma honestidad, que la defensa de  estas ideas no nos proporcionan la felicidad que decimos buscar, sino que ciertamente nos producen sufrimiento.

Aquí es cuando surge lo nuevo, cuando creamos el espacio necesario en la quietud de la mente para que surja una respuesta nueva, que esta vez, nos acerque a la certeza de lo que somos en vez de alejarnos de ella.

Vanesa & David

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QUERER CAMBIAR AL OTRO ES EL OLVIDO DE MI PROPIA PERFECCIÓN

Intentemos mirar esto en profundidad y con honestidad. Si vemos imperfección en otro es porque dentro de nosotros debe existir la idea “imperfección”.

Si dentro de nuestra conciencia no existiera el concepto imperfección, no podría verlo reflejado en ninguna parte.

Como queremos huir del dolor que nos causa la idea de creer que somos imperfectos, la rechazamos en nosotros proyectándola en el otro, con la secreta esperanza de deshacerme de ese dolor.

Entonces comenzamos  un camino de intentar cambiar al otro para huir de nuestro sentimiento de imperfección, el cual nos causa dolor.

Da igual cuanto creamos avanzar en nuestra empresa porque el problema no es ni será nunca el comportamiento del otro.

Si secretamente albergamos la idea de imperfección en nosotros, sin duda tiene que ir acompañada de la idea de que algo nos falta a nosotros para ser perfectos y eso es exactamente lo que percibimos en nuestra pareja.

Siempre acabaremos agotados en esta empresa de intentar cambiar a nuestra pareja porque no la estamos viendo a ella, sino a nuestra idea de imperfección sobre nosotros mismos.

Los cristales de las gafas con las que miramos a nuestra pareja están hechos de las ideas que tenemos acerca de nosotros mismos.

Nuestro dolor proviene de una idea errónea de lo que somos y de percibirnos como algo incompleto e imperfecto. El querer cambiar el reflejo de esta idea en nuestra pareja sólo nos distrae de poder cambiar nuestra mirada hacia nosotros mismos.

Nuestra relación es nuestra oportunidad de ver las ideas que tengo acerca de mi mismo y responsabilizarme de ellas, este es el camino que nos permitirá vernos tal cual somos, perfectos.

Vanesa & David

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¿QUÉ DUELE MÁS, EL MIEDO A NO SER AMADOS O NO PODER AMAR SIN CONDICIONES?

Habitualmente somos muy conscientes del dolor que nos produce no sentirnos amados pero donde realmente tenemos que tirar de honestidad, humildad y valentía es para atrevernos a sentir qué se siente cuando le ponemos condiciones al amor.  Esta escucha es muy poco practicada por nosotros cuando realmente es la causa de nuestro dolor y  la llave de nuestra liberación.  Cuando descubrimos qué se siente, el AMOR se hace PRESENTE. Esto ya no se puede explicar con palabras sólo pretendemos apuntar que la huida de este dolor es lo que te impide experimentar la presencia del amor en el presente.

Ser honesto con uno mismo es algo que requiere de altísimas dosis de valentía y no menos altas de humildad.

Honestidad para reconocer lo que sentimos, valentía para sentarnos a sentir lo que sentimos sin buscar un culpable y la humildad de reconocer que quisimos huir y negar ese dolor poniéndolo fuera de nosotros.

Honestidad, valentía y humildad son pilares esenciales de la pareja y todas deben empezar con uno mismo.

No hay técnica que pueda asegurarte la continuidad de la pareja, ni tampoco que ésta será eterna. No existen trucos ni consejos para controlar la vida, aunque la mayoría de las veces este sea nuestro anhelo.

Sin embargo, si existe una forma de vivir la relación donde, pase lo que pase, ambos saldréis reforzados, y es  aquella relación cuyo propósito sea liberar al otro de nuestros juicios sobre él.  Para esto, se requieren altas dosis de honestidad, valentía y humildad con uno mismo. Pero, si lo hacemos, tendremos el mejor regalo que nos puede dar una relación; aprender a amarnos nosotros mismos.

David & Vanesa

 

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¿QUÉ ES EL AMOR SINO VOLUNTAD DE ENCUENTRO?

Es cierto que si no hay voluntad de encuentro ninguna técnica logrará anteponerse a tu libre albedrío pero, no es menos cierto que, el poder de la voluntad de encuentro es tan fuerte como el amor porque, en realidad, ¿Qué es el amor sino voluntad de encuentro?

Todos creemos tenerla pero en realidad lo que suele primar en nuestras relaciones es unas inmensas ganas de tener la razón, queremos que el otro nos encuentre en nuestra razón, si somos honestos. Esto no es ni bueno ni malo, simplemente que en vez de sentir el goce del encuentro lo que vivimos es el dolor de la separación.

Así que, el primer paso es ser honestos con nosotros mismos y, sin enjuiciarnos por ello, reconocer que estamos en el punto de querer tener la razón y el segundo paso es más honestidad todavía para acoger el sentimiento de dolor que produce tomar esta decisión.

En realidad con esto sería suficiente porque una vez que uno siente el dolor que produce ya solo queda maravillarse de lo que sucede a continuación, se nos quitan las ganas de seguir defendiendo razón alguna y dejamos que la cordura regrese a nuestro corazón porque comprendemos en lo profundo que la defensa de una idea es algo frágil y sin valor frente al goce del sentirnos unidos.

Vanesa & David

 

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EL AMOR NO BUSCA UN CULPABLE, SOLO DOS INOCENTES

La mejor herramienta para aceptarse uno mismo es la pareja. Puede sonar frío utilizar la palabra herramienta para referirnos a nuestra pareja pero, lo es mucho más, hacerlo para culpabilizarla de nuestra infelicidad.

Todo lo que no podemos aceptar de nosotros mismos  lo atribuimos a una carencia o a un exceso de la persona que hemos elegido, porque durante el camino olvidamos el verdadero propósito de la relación: llegar a aceptarnos tal cual somos, eso es lo nos unió aunque nos empeñemos en olvidarlo.

A mitad de camino, si somos honestos, lo único que pasa es que al no conseguir aceptarnos tal y como somos hacemos un truco cambiando el propósito de la relación pasando a ser ahora el cambiar a la persona que tenemos al lado. El problema es que esto no funciona y no funciona porque los trucos, trucos son.  Si no eres feliz, aunque consigas engañarte creyendo que es culpa de otro ¿Quién es el que no es feliz? ¿Quién es el que elige permanecer donde no lo es? La honestidad deshace el truco, nosotros.

Solemos usar a la pareja para darnos la razón de que es el otro el que es erróneo. Estamos dispuestos a darnos la razón las veces y relaciones  que hagan falta.  Pero, ¿Nos hemos planteado cuanto  de interesante es morirse cagado de razón si la carga es nuestra infelicidad? o ¿Cuánto de interesante sería no tener la razón y ser feliz compartiéndonos en pareja?

Solemos buscar terapias, charlas, filosofías, etc. para llegar a comprendernos, con la fantasía de que algún día, estaremos preparados para tener una pareja y saber relacionarnos sin conflictos. Mientras que tengamos conflictos con nosotros mismos, estos  se verán reflejados en la pareja, ese no sólo no es el problema, sino que es el camino, usar los conflictos para aprender que nuestra felicidad es responsabilidad nuestra y agradecer  a nuestra pareja la oportunidad de mostrarnos aquellos lugares donde todavía no nos aceptamos.

La felicidad en pareja no descansa en encontrar culpables sino en el reconocimiento de que ninguno de los dos lo es.

Nuestra propuesta es usar nuestra relación como camino para el encuentro con nosotros mismos y desde ahí, ya nada habrá que hacer para disfrutar de nuestra relación, porque ella misma, es el disfrute.

Vanesa & David

 

 

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Autoconciencia, Baile & Interpretación

¿ES POSIBLE LA IGUALDAD EN LA PAREJA EN NUESTRO CONTEXTO HISTÓRICO?

Seguro que es posible pero esto no quiere decir que sea la elección que estemos tomando. Veámoslo a través del baile.

Si somos honestos el contexto histórico que vivimos es machista. Lo podemos ver en las empresas, el fútbol, la política y, sin duda, en la religión donde Padre, Hijo y Espíritu Santo llevan todos nombres de varón. No pretendemos aquí, hacer una disertación sobre el machismo sino intentar explicar cómo este también afecta al baile haciendo difícil ver a una pareja compenetrada y bailando como una unidad.

El éxito de una relación es la comunicación y es fácil de entender que la óptima se da entre dos personas que se reconocen como iguales, asumiendo ambos su responsabilidad al 100%, dentro del 50% que les corresponde.

En la actualidad, las clases de baile son impartidas, en su gran mayoría, por profesores hombres, dando por hecho que sobre ellos recae el 100% de la responsabilidad del aprendizaje y que, sólo con su profesionalidad y la ayuda de alumnas inexpertas, es suficiente para enseñar a bailar. Esto quiere decir, si no nos andamos con rodeos, que ”liderar” el baile es considerado un arte que requiere profesionalidad y “dejarse llevar” un detalle sin importancia que  las mujeres tienen que tener innato.  Este es, en nuestra opinión, el motivo por lo que no es lo mismo bailar en pareja, que Ser Pareja en el  baile.

Nuestro interés en este tema es llamar la atención en lo que es realmente Ser Pareja, siendo el baile un ejemplo más, donde si intentamos formarla desde un tratamiento de desigualdad, no funcionará.

El máximo disfrute como pareja en el baile pasa porque cada uno conozca su función, la desarrolle y que ambos tomen responsabilidad sobre su instrumento de baile, en este caso, el cuerpo, trabajando en profundidad la conciencia corporal. Si no sabemos usar nuestro cuerpo correctamente difícilmente podremos tener una comunicación óptima con nuestra pareja.

A lo largo de los años hemos visto como este tratamiento desigual tanto a la hora de aprender como en la toma de  responsabilidades al bailar, hace que muchas personas no disfruten de bailar y mucho menos tengan una experiencia de comunicación y de Ser Pareja en el baile.

En nuestra experiencia personal y profesional cuando el baile se enseña y se aprende desde una perspectiva de igualdad y compromiso por ambas partes, este se convierte en una vivencia inolvidable de comunicación en pareja.

Vanesa & David

 

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SI “TE LO HE DICHO MIL VECES” NO FUNCIONÓ NUNCA, ¿POR QUÉ APOSTAMOS POR LA MIL Y UNA?

Si Einstein ya nos dejó clarito aquello de que locura es hacer lo mismo y esperar  un resultado diferente, pues será entonces que muy cuerdos no estamos cuando apostamos por la 1001.

Si partimos de la premisa de que la relación de pareja es el mejor escenario para aceptarnos y estar en paz con nosotros mismos, cabe pensar entonces  que estamos buscando la solución donde no se encuentra, en el cambio del otro, poniendo  nuestra paz en sus manos. Pero…

¿Y si sólo estamos equivocados en nuestra percepción de donde radica el problema?

Si puedes abrirte a esta pregunta, ya estamos un paso más cerca de ver el verdadero problema y por tanto de la solución.

¿Estamos dispuestos a aceptar que nos hemos precipitado a la hora de evaluar donde está el problema o preferimos seguir insistiendo en que lo sabemos y tenemos la razón?

Quizá merezca la pena no tener la razón si a cambio obtenemos la paz que deseamos. Quizás.

Pongámonos prácticos y un poco objetivos. Recordemos alguna de la miles de veces que hemos repetido algo para que el otro cambie dando por cierto que el dolor proviene de algo que hizo ¿Lo tenemos? Intentemos recordar cuanto duró el alivio de que el otro lo reconociera.

Si somos honestos en el mejor de los casos hasta la siguiente vez que se vuelve a repetir.  Lo que puede querer decir que, aunque nosotros creamos que el problema se acaba cuando el otro admite su culpa, la experiencia lo que nos dice es que no se acaba porque se vuelve a repetir y vuelve a doler igual o más. La  realidad es que no puede ser de otra manera porque, en vez de afrontar el problema, lo que hemos hecho es desplazarlo o postergarlo.

Si que el otro admita su “culpa” no es la solución, ya nos podemos plantar tranquilamente en la 1000 y probar algo nuevo. En realidad, no es relevante si volvemos a decir lo mismo la próxima vez, lo relevante es si estamos dispuestos a hacer algo distinto con el dolor que sentimos, que es exactamente el que nos lleva a formular la queja.

Siguiendo con la objetividad que nos interesa para no llegar a la 1001 o a la 2000 con el mismo resultado, que nuestra pareja cambie algo que nos molesta, una vez que le hemos informado, depende 100% de su voluntad. Cómo lo vivamos nosotros, es afortunadamente también, 100 % responsabilidad nuestra.  Así que, por la misma regla de tres, el otro tampoco puede decidir cómo me afectará a mí. Ahora sí estamos más cerca de la solución ya que hemos recuperado nuestro poder personal.

No estamos proponiendo controlar el dolor que nos produce una situación. La propuesta es que hagamos algo distinto con él si queremos un resultado diferente.

La próxima vez que nuestra reacción  sea enfadarnos por algo que se repite preguntémonos si lo diferente no sería mostrar el camino cambiando nosotros nuestra respuesta.

¿Y si funciona? Mirémonos en el espejo… Si nos cabreamos con el otro porque no cambia ¿Estamos realmente seguros que a nosotros nos tratamos de manera diferente cuando no hacemos las cosas como juzgamos que deberían ser? Y mucho más interesante, si dejáramos de enfadarnos con nosotros mismos por repetir comportamientos que juzgamos inapropiados, ¿Habría alguna posibilidad de que me molestaran en otro?… Fin del problema.

Vanesa & David

 

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