Autoconciencia

SI “TE LO HE DICHO MIL VECES” NO FUNCIONÓ NUNCA, ¿POR QUÉ APOSTAMOS POR LA MIL Y UNA?

Si Einstein ya nos dejó clarito aquello de que locura es hacer lo mismo y esperar  un resultado diferente, pues será entonces que muy cuerdos no estamos cuando apostamos por la 1001.

Si partimos de la premisa de que la relación de pareja es el mejor escenario para aceptarnos y estar en paz con nosotros mismos, cabe pensar entonces  que estamos buscando la solución donde no se encuentra, en el cambio del otro, poniendo  nuestra paz en sus manos. Pero…

¿Y si sólo estamos equivocados en nuestra percepción de donde radica el problema?

Si puedes abrirte a esta pregunta, ya estamos un paso más cerca de ver el verdadero problema y por tanto de la solución.

¿Estamos dispuestos a aceptar que nos hemos precipitado a la hora de evaluar donde está el problema o preferimos seguir insistiendo en que lo sabemos y tenemos la razón?

Quizá merezca la pena no tener la razón si a cambio obtenemos la paz que deseamos. Quizás.

Pongámonos prácticos y un poco objetivos. Recordemos alguna de la miles de veces que hemos repetido algo para que el otro cambie dando por cierto que el dolor proviene de algo que hizo ¿Lo tenemos? Intentemos recordar cuanto duró el alivio de que el otro lo reconociera.

Si somos honestos en el mejor de los casos hasta la siguiente vez que se vuelve a repetir.  Lo que puede querer decir que, aunque nosotros creamos que el problema se acaba cuando el otro admite su culpa, la experiencia lo que nos dice es que no se acaba porque se vuelve a repetir y vuelve a doler igual o más. La  realidad es que no puede ser de otra manera porque, en vez de afrontar el problema, lo que hemos hecho es desplazarlo o postergarlo.

Si que el otro admita su “culpa” no es la solución, ya nos podemos plantar tranquilamente en la 1000 y probar algo nuevo. En realidad, no es relevante si volvemos a decir lo mismo la próxima vez, lo relevante es si estamos dispuestos a hacer algo distinto con el dolor que sentimos, que es exactamente el que nos lleva a formular la queja.

Siguiendo con la objetividad que nos interesa para no llegar a la 1001 o a la 2000 con el mismo resultado, que nuestra pareja cambie algo que nos molesta, una vez que le hemos informado, depende 100% de su voluntad. Cómo lo vivamos nosotros, es afortunadamente también, 100 % responsabilidad nuestra.  Así que, por la misma regla de tres, el otro tampoco puede decidir cómo me afectará a mí. Ahora sí estamos más cerca de la solución ya que hemos recuperado nuestro poder personal.

No estamos proponiendo controlar el dolor que nos produce una situación. La propuesta es que hagamos algo distinto con él si queremos un resultado diferente.

La próxima vez que nuestra reacción  sea enfadarnos por algo que se repite preguntémonos si lo diferente no sería mostrar el camino cambiando nosotros nuestra respuesta.

¿Y si funciona? Mirémonos en el espejo… Si nos cabreamos con el otro porque no cambia ¿Estamos realmente seguros que a nosotros nos tratamos de manera diferente cuando no hacemos las cosas como juzgamos que deberían ser? Y mucho más interesante, si dejáramos de enfadarnos con nosotros mismos por repetir comportamientos que juzgamos inapropiados, ¿Habría alguna posibilidad de que me molestaran en otro?… Fin del problema.

Vanesa & David

 

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